martes, 12 de septiembre de 2017


Nunca había leído tebeos de Mortadelo y Filemón escritos en este siglo, y una vez leídos, a pesar de la genialidad habitual del dibujante, encuentro algo que me desagrada: Ibáñez sigue viendo a los españoles en la línea de Larra o Berlanga, esa línea que los presenta como jaraneros, vagos, chapuzas, individualistas y disparatados, la misma que hizo escribir a George Orwell, en su Homenaje a Cataluña, que a Franco le sería imposible instaurar en España un régimen como el de Hitler “porque los españoles no tienen ni la disciplina ni el sentido de la obediencia que se requieren para ello”. Esa línea-tópico le dio muy buenos resultados a Ibáñez en los años ochenta, porque probablemente aún mantenía un asidero con la realidad, pero sucede que ya no. Los españoles ya no son así. España, a partir de los 90, comenzó a ser un país receptor de inmigrantes y dejó de recibir los fondos de cohesión de la UE. Hasta llegó a superar la renta per cápita de Italia (no sé cómo anda ahora) y le faltó un pelo para superar la de Francia. Nada de país disparate: España ha sido aplastada y absorbida por el supercapitalismo. Es ya un país solvente como solo hay doce o quince. Solvente, quiero decir: uniforme, plano, tedioso, mediocre.